miércoles, 1 de julio de 2015

El valor de la Lectura.

La lectura como fuente de socialización, puede suponer el mantenimiento del orden establecido sin trabas críticas, pero también puede formar un individuo más crítico y libre, que no acepte sin más lo que se le impone. No es casual que los gobiernos autocráticos teman a los lectores y hagan hogueras de libros para destruir un instrumento de revolución; los nazis quemaron libros, las dictaduras persiguen a los intelectuales y prohíben la edición y la lectura de determinados libros. Y es que, efectivamente, leer puede ser un instrumento de sometimiento o una afirmación individual que nos puede hacer libres, solidarios, críticos e independientes. No se puede controlar al que lee libremente. El lector descubre a través del texto otras realidades y puede llegar a interpretar de forma crítica la suya propia. Pero la lectura y la escritura son fenómenos construidos socialmente, a los que se les añade una serie de capacidades que han de tener un valor social. En nuestra sociedad, por mucho que se trate de fomentar la lectura placentera, a la actividad  lectora se le suele dar importancia por su dimensión instrumental. La lectura suele asociarse con la actividad intelectual, con el aprendizaje, con el estudio y, básicamente, con la transmisión de información y la adquisición de conocimientos. Pero también existe la idea que asocia la lectura con el entretenimiento, refiriendo a su carácter relajante y de ocio agradable.  El éxito social no depende del nivel cultural. El éxito social pasa por el consumo y la lectura queda relegada en un segundo plano.
Nuestra cultura tiene su base en la economía y los medios de comunicación nos venden modelos de conducta basados en el consumo y en actitudes superficiales. Para que una persona se motive en el desarrollo de sus hábitos lectores es necesario que interprete la lectura como un hecho cultural relevante y como una destreza individual importante; pero el significado social se define en términos culturales, no individuales. Por ello, el que el lenguaje escrito y la lectura sean relevantes para el niño, dependerá de la comunidad de referencia. El niño formulará interpretaciones sobre el lenguaje escrito, su naturaleza y propósitos, basándose en la interpretación ofrecida por los otros, indicando con su actividad la importancia de estas acciones, para el funcionamiento adecuado en la sociedad a la que pertenece, es necesario generar un modelo social donde ésta tome sentido.  Debemos entender que la lectura incurre a su vez sobre los sujetos de forma individual y sobre la sociedad en su totalidad; construyendo individuos más formados, mejora la sociedad. Para nosotras lo ideal sería que el adulto despertara su propio interés por la lectura y así que sea capaz de transmitir a los niños el encanto de leer.  Como sabemos, los niños tienen que adquirir la cultura de su entorno, tienen que asimilar los valores que marcarán sus pautas de comportamiento para construir un estilo de vida.

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